Categoría: Medio Ambiente

A día de hoy es innegable que la mayoría de personas pasa gran parte de su tiempo frente a pantallas y, en el caso de la gente joven, el uso de las redes sociales consume una cantidad de tiempo que no para de crecer.

Es importante que, dentro de las redes sociales, las personas que llegan a una gran audiencia hablen de temas actuales y relevantes tanto para la sociedad como para el planeta, no sólo de sus vidas, viajes y productos que les envían las marcas.

Instagram de Carlota Bruna

Cada vez son más los jóvenes que suben a sus plataformas contenido denunciando la situación crítica que está sufriendo nuestro planeta. Hay personas influyentes de todo el mundo y de todas las profesiones, con más o menos seguidores, pero el punto en común es su preocupación por los cambios que se deben hacer antes de que sea demasiado tarde para salvar el medio ambiente. En España una de las influencers más relevantes a la hora de hablar de veganismo, las empresas cárnicas, su contaminación y las consecuencias que esto causa al planeta es Carlota Bruna, que gracias a su implicación ha llegado a formar parte del Pacto Europeo por el Clima. Esta barcelonesa, estudiante de Nutrición y Dietética, emplea su Instagram como punto de información sobre su estilo de vida, formas de reducir plástico y opciones que ayuden a frenar el cambio climático.

Instagram de Martiño Rivas

Cada vez más personalidades de todos los sectores se posicionan a favor del planeta, subiendo a sus redes noticias y tips para mejorar el mundo en el que vivimos, haciendo que ese mensaje llegue a un número de personas que de otra manera no sería posible. Un ejemplo de esto es el actor y modelo Martiño Rivas, así como la también actriz Carolina Yuste o Georgina Amorós. Puede parecer que subir una foto invitando a sus followers a recoger los plásticos que encuentren en las playas o montañas que visitan, o a informarse sobre el cambio climático y lo que pueden hacer para evitarlo, son actos sin relevancia. Sin embargo, el hecho de que alguno de los seguidores de estas personas lo lea y se lo transmita a su entorno supone un gran avance, más aún teniendo en cuenta la relevancia pública de muchos de estos influencers.

Instagram de Inka Williams

A nivel internacional, hay varias modelos muy relevantes que hacen un esfuerzo, y en su día a día sacan momentos para hablar a sus seguidores de las posibles mejoras que están en sus manos. Blanca Padilla e Inka Williams son dos ejemplos de mujeres que luchan por conservar el planeta y ponen sus redes como escaparate de lo que sucede.

La mayoría de personas mencionadas en este artículo tienen secciones destacadas en sus perfiles para informar sobre el problema del plástico, la industria del fast fashion, la contaminación, cómo adoptar estilos de vida sostenibles y el conscious living. Cambiar nuestros hábitos y seguir a personas que defienden el cuidado del planeta y que hagan esfuerzos por tratar de frenar la crisis climática puede parecer una acción poco relevante, pero si cambiamos el contenido que consumimos a diario, podemos llegar a cambiar hábitos y rutinas.

Para entender la relevancia de la crisis climática en la actualidad y llegar a comprender la importancia que ha ido adquiriendo con el paso del tiempo habría que hacer un repaso por la historia y conocer las primeras manifestaciones que tuvieron lugar.

Las movilizaciones que vamos a nombrar a continuación sientan las bases del ambientalismo contemporáneo, son los primeros pasos que se dieron para proteger el planeta. A pesar de que fue en 1977 cuando la ONU decidió que el 5 de junio sería el Día Mundial del Medio Ambiente, las luchas ambientalistas comenzaron mucho antes.

Río Tinto, la primera manifestación medioambiental española

En 1988, en Huelva, cientos de obreros y sus familias decidieron hacerle frente a una empresa británica minera que trabajaba en la zona y que provocaba con su actividad gases de ácido sulfúrico que intoxicaban los pulmones de sus trabajadores, envenenaban al ganado y destruían las cosechas. Lo que empezó como una protesta pacífica para reclamar unas condiciones laborales y sanitarias dignas, y una denuncia por el daño medioambiental generado con su actividad, terminó siendo una tragedia, al ser disuelta con violencia por el ejército que acabó con la vida de 200 civiles.

Aunque algunos periodistas se hicieron eco de los hechos, este episodio fue eliminado de la historia hasta los años ochenta. La quema de materiales tóxicos al aire libre continuó hasta 1907, pero lo ocurrido en Río Tinto supuso un antes y un después en las manifestaciones a favor del medio ambiente.

En defensa de las ballenas

En la década de los setenta, Greenpeace comenzó su activismo para lograr la prohibición de la caza de ballenas, fue entonces cuando fotografías en las que un grupo de activistas se interponía entre los barcos cazadores y los cetáceos se hicieron populares.

En junio de 1980 uno de los barcos de Greenpeace, el Rainbow Warrior I, fue capturado por la Armada Española, por tratar de impedir las actividades de los balleneros gallegos. No obstante, en España no se dejó de cazar ballenas hasta 1986, año en el que entró en vigor la moratoria establecida por la Comisión Ballenera Internacional.

Septiembre de 2019: millones a favor del medio ambiente en más de 150 países

Las manifestaciones más concurridas de la historia, se dieron al menos en 150 países. La prensa internacional calculó que el día 27 de septiembre de 2019 se manifestaron dos millones de personas alrededor de todo el mundo, si a estas cifras les sumamos la asistencia a la manifestación del día 20, el total asciende hasta los seis millones de personas concentradas luchando por frenar el cambio climático.

Aquella fue la Semana Global para el Futuro, con el objetivo de manifestarse por todo el planeta para reclamar a los líderes mundiales acciones eficientes contra el calentamiento global. Dos meses después se llevó a cabo la COP25. A partir de ahí, Greta Thunberg y el movimiento de Fridays for Future se convirtieron en un fenómeno mediático medioambiental sin precedentes.

AIDA LÓPEZ CAMPO

Un informe reciente publicado por la Organización Mundial de la Salud advierte de que durante los dos últimos años de la pandemia por la COVID-19 se han generado 87.000 toneladas de residuos sanitarios.

La emergencia sanitaria hizo que de forma repentina tuviésemos que integrar en nuestra rutina el uso de elementos como las mascarillas. Aproximadamente 87.000 toneladas de equipos de protección personal (EPP) fueron adquiridos entre marzo de 2020 y noviembre de 2021 y enviados para atender las necesidades de los países por la COVID-19, a través de una iniciativa conjunta de las Naciones Unidas para situaciones de emergencia. La mayor parte de estos equipos acabarán convertidos en desechos una vez utilizados. 

Y esto no es lo más alarmante. Los autores de este estudio añaden que se han enviado más de 140 millones de kits de pruebas, que podrían generar 2.600 toneladas de desechos no infecciosos (principalmente plástico) y 731.000 litros de desechos químicos (el equivalente de una tercera parte de una piscina olímpica), y que se han administrado más de 8.000 millones de dosis de vacunas a nivel mundial, lo que ha generado 144.000 toneladas de desechos adicionales en forma de jeringas, agujas y contenedores de seguridad. 

La premura por ofrecer herramientas que solventasen el problema sanitario, hizo que la sostenibilidad pasara a un segundo plano. Ya lo advirtió el Director Ejecutivo del Programa de Emergencias de la OMS, Michael Ryan, era «absolutamente esencial» proporcionar a los trabajadores de la salud el equipo adecuado, pero también es imprescindible que estos equipos puedan utilizarse de forma segura, evitando el impacto medioambiental en los entornos cercanos.

¿Cuál es la solución entonces? En este informe se plantean una serie de recomendaciones como un uso «racional» de los equipos de protección, el reciclaje de los mismos y utilizar embalajes más sostenibles, reduciendo el uso de plásticos y el volumen de los mismos.

Por ejemplo, las mascarillas y los guantes suelen venir envueltos en packs de plástico. Este estudio propone apostar por los envases de cartón y así reducir la emisión de gases. Asimismo, apuestan por la reducción del uso de las mascarillas de una única vida. Existen opciones más sostenibles e igual de seguras.

Algunas otras recomendaciones que ofrece este estudio son:

 

  • Fortalecer la coordinación entre donantes mundiales de salud, logística, actores de prevención y control de infecciones, residuos sanitarios y medio ambiente.
  • Apoyar el cambio de comportamiento lejos del uso único y el uso excesivo de equipos de protección personal, a un uso apropiado y reutilizable, cuando sea posible.
  • Promover e invertir en EPIs más sostenibles desde el punto de vista medioambiental.
  • Actualizar, implementar y regular estándares de residuos sanitarios y prácticas sostenibles.
  • Invertir en la gestión segura de los desechos sanitarios y la higiene de las manos, como parte de una prevención y un control de infecciones más amplios.
  • Desarrollar, implementar y financiar una estrategia de mejora para la higiene de manos para reducir el uso innecesario de guantes.
  • Incluir la gestión de residuos en los presupuestos de salud e invertir en el mercado del reciclaje en los diferentes países para integrar unas prácticas de gestión de desechos más adecuadas.
  • Supervisar e informar periódicamente sobre las prácticas de residuos sanitarios.
  • Fomentar las opciones más sostenibles y seguras para los equipos de protección personal dentro y fuera de la atención de la salud.
  • Mejorar la formación, la tutoría y las inversiones para una seguridad y sostenibilidad en la gestión de residuos para los trabajadores de residuos.
  • Mejorar progresivamente la sostenibilidad medioambiental de las tecnologías de tratamiento de residuos.

Fuente: Global Analysis of Health Care Waste In the Context of COVID-19

 

Los océanos ocupan más de dos tercios de toda la superficie de La Tierra, por lo que su estado y conservación son esenciales para la sostenibilidad de nuestro planeta. A pesar de la enorme importancia de los océanos, estos se encuentran bajo numerosas amenazas que ponen en peligro la supervivencia de miles de especies marinas. Algunas de estas amenazas se materializan en forma con la sobreexplotación pesquera, la pérdida progresiva de la biodiversidad o la contaminación oceánica.

Contaminación de los océanos

Según datos de WWF, más del 70% de la contaminación de los mares y océanos proviene de las actividades terrestres, desde microplásticos, pesticidas o vertidos de diferentes residuos contaminantes. Alrededor de 200 toneladas de plásticos acaban anualmente en los océanos de todo el mundo, la mayoría de ellos no son visibles en la superficie, sino que acaban formando parte de lo que llamaríamos microplásticos. Los microplásticos son pequeñas piezas de plástico de unos 5mm de diámetro que se dispersan y se encuentran en grandes cantidades en los mares y océanos, además de en las superficies terrestres.

Los vertidos de petróleo son una de las mayores amenazas, en términos de contaminación, de los océanos. Este combustible acaba muchas veces en el mar, como consecuencia de derrames o filtraciones involuntarias de los buques que transportan el crudo de un lugar a otro, pero estos vertidos también llegan al mar por los desagües de las ciudades, lo que supone un flujo de contaminación muy abundante.

Otra de las amenazas que acechan a los océanos son los vertidos de fertilizantes que proceden de explotaciones agrícolas o granjas. Estos vertidos producen un fenómeno conocido como eutrofización, que ocurre cuando el mar presenta nutrientes adicionales (esos que proceden de los fertilizantes) y provocan el florecimiento masivo de algas, lo que conlleva la desoxigenación de los océanos. Con la disminución del oxígeno, la fauna marina se ve amenazada, y acaba por desaparecer, como ha pasado hace poco en el Mar Menor.

Sobrepesca y explotación de los océanos

La comunidad científica ha sido unánime alertar sobre las graves consecuencias que la sobrepesca representa para nuestros océanos y costas. Cuando hablamos de sobrepesca nos referimos a la extracción de fauna y flora del mar a un ritmo que resulta excesivamente elevado para que estas especies puedan repoblarse de manera natural.

A partir de mitad del siglo XX, muchos países del mundo comenzaron a invertir grandes cantidades de dinero en hacer crecer su capacidad pesquera, con el propósito de  mejorar la disponibilidad y conseguir abaratar los productos pesqueros para garantizar su accesibilidad a los consumidores. Sin embargo, estas grandes flotas acabaron practicando una pesca que puede considerarse como agresiva, haciendo uso de métodos sofisticados, a la par que arrolladores, para extraer cada vez más peces en menores lapsos de tiempo.

La práctica de la pesca indiscriminada ha mermado grandes poblaciones de la fauna marina, pero también de flora oceánica. Por ejemplo, los arrecifes de coral son muy vulnerables a la sobrepesca. Según National Geographic, los peces que se alimentan de plantas son los que logran mantener el equilibrio de los ecosistemas, comiendo algas o manteniendo los corales sanos y limpios. La masiva pesca de estos peces herbívoros merma su población,  por lo que acaba produciendo la paulatina destrucción de los arrecifes, lo que los hace más susceptibles a procesos como la contaminación o el cambio climático.

También algunos tipos de pesca, como la de arrastre, pueden destruir los corales cuando estos se encuentran muy debilitados. Este tipo de pesca se caracteriza por lanzar grandes redes al mar para capturar la pesca del día, sin embargo, estas redes arrasan con todo lo que encuentran a su paso, por lo que además de disminuir sustancialmente la población de los peces objetivo, también afectan al resto de la fauna de los océanos. Por ejemplo, es habitual que estas redes también arrastren tortugas marinas, delfines, aves marinas e incluso tiburones.

¿Podemos parar esto?

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 14: vida submarina, se centra especialmente en el cuidado y la preservación de los océanos. Tal y como señalan las Naciones Unidas: “Proteger nuestros océanos debe seguir siendo una prioridad. La biodiversidad marina es vital para la salud de las personas y de nuestro planeta. Las áreas marinas protegidas se deben gestionar de manera efectiva, al igual que sus recursos, y se deben poner en marcha reglamentos que reduzcan la sobrepesca o la contaminación marina”.

Luchar contra la contaminación de las aguas de los océanos y la sobrepesca pasa por la concienciación de los gobiernos y las instituciones de todos los países del mundo. Acabar con estas prácticas nocivas requiere de una seria propuesta internacional de normativas reguladoras que prohíban, y penalicen, la contaminación indiscriminada de las aguas y la sobrepesca de las especies marinas.

Es poco el tiempo que hace entró en uso el término ecoansiedad, pero son muchas las personas, sobre todo jóvenes, que la sufren. Entendemos por ecoansiedad la extrema preocupación por la crisis climática y, según un estudio de la universidad de Bath, la mayoría de los jóvenes la sufre.

Las circunstancias que se están viviendo a nivel mundial desde hace varios años han impulsado a la sociedad a poner el foco en la salud mental, tanto por la crisis económica como la sanitaria. La crisis climática también afecta a la salud mental, una gran parte de la población lleva décadas concienciada con la complicada situación a la que estamos empujando al planeta con el ritmo de producción y consumo al que nos hemos acostumbrado como sociedad. Hay pequeñas acciones que reducen levemente la huella de carbono y el impacto personal y se pueden realizar desde casa, pero para reducir la mayoría de emisiones es necesario un compromiso por parte de las industrias más contaminantes ya que, según el informe The Carbon Majors Database, publicado por Carbon Disclosure Project, el 71% de los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera desde 1988 son responsabilidad de tan solo 100 empresas.

Los hábitos que se han ido adaptando para tratar de frenar el ritmo del cambio climático no aportan los resultados deseados, ya que las noticias respecto al tema son cada vez más alarmantes. El saber que la situación no va a mejorar, junto a la impotencia de no poder hacer nada más al respecto son el mix perfecto para que surja la ecoansiedad. El motivo por el que la mayoría de personas que sufren y hablan de la ecoansiedad son jóvenes es debido a las expectativas que impone la sociedad, las múltiples crisis que se han ido encadenando, así como el sentimiento de falta de acción por parte de los gobiernos e instituciones que cuentan con el poder para cambiar algo, lo que favorece que cada vez vean el cambio más lejano y piensen en su futuro como una incógnita sobre la que no tienen poder de cambio.

Para calmar la ecoansiedad es necesario recordar a quienes la sufren que la perfección no existe en ningún ámbito y siempre hay cosas que se escapan a nuestra capacidad, por lo tanto llevar a cabo pequeñas acciones dentro de lo que cada persona pueda aportar ya supone un cambio. También está bien recordar a los jóvenes que viven con ecoansiedad que no es su deber cargar con el peso de salvar el planeta y hay una infinidad de cosas que se escapan de su alcance. Haz lo que puedas, apoya en la medida que puedas a grupos u organizaciones cerca de ti y no sé consciente de tus limitaciones.

AIDA LÓPEZ CAMPO

A veces no disponemos de demasiado tiempo para pasar a la acción (o eso pensamos). Sin embargo, es muy sencillo contribuir con nuestro planeta desde nuestras casas con pequeñas acciones. Para ello, ACNUR, propone varios consejos sencillos y acciones para cuidar el medio ambiente en casa y transmitir valores positivos en ese sentido a tus hijos:

Separa la basura. Desde pequeños es bueno que los niños aprendan a separar los residuos para que se puedan reciclar. Enséñales qué se tira en cada cubo y por qué se debe hacer así.

Usa productos que puedan reutilizarse. Hay muchos productos que se pueden usar varias veces para proteger la naturaleza. Por ejemplo, utiliza servilletas de tela en lugar de servilletas de papel.

Apaga las luces. Parece obvio, pero no nos damos cuenta de la cantidad de veces que encendemos la luz de una habitación que no ocupamos. Acostumbra a tus hijos a apagar la luz y cuando te marches de casa comprueba que todo está apagado.

Consume frutas y verduras ecológicas. Los productos ecológicos cuidan el medio ambiente porque en su producción no se utilizan fertilizantes ni otros productos contaminantes.

Evita dejar los aparatos enchufados. Recuerda que los aparatos que están apagados pero siguen enchufados consumen energía, por lo que es importante desenchufarlos.

Cierra los grifos correctamente. Cuando no utilices el agua, cierra el grifo y controla que no existan fugas.

Utiliza el termostato. Tanto para la calefacción como para el aire acondicionado es necesario utilizar un termostato. El consumo de energía de la calefacción baja cuando reduces en un solo grado la temperatura, y lo mismo ocurre si aumentas la temperatura un grado en el aire acondicionado.

Muévete en transporte público. La contaminación en las grandes ciudades proviene en gran medida de los coches; utiliza el transporte público para desplazarte y ayudarás a cuidar la naturaleza.

Lleva tus propias bolsas al supermercado. Cada vez son más los supermercados que venden las bolsas de plástico para evitar su uso y fomentar el reciclado. Llévate tus propias bolsas al supermercado y podrás utilizarlas varias veces.

Aprovecha la luz natural. Para reducir el consumo de luz eléctrica, abre las ventanas y sube las persianas para que entre la luz del sol en tu casa.

Cambia las bombillas de tu casa. Las bombillas de bajo consumo se calientan menos, consumen menos energía, alumbran igual y duran más.

Recicla todo lo que puedas. Antes de tirar ropa, libros o juguetes, piensa si puedes darles una segunda oportunidad para evitar gastar y comprar todo nuevo. Ahorrarás dinero y protegerás la naturaleza.

Planta árboles. Los árboles producen oxígeno y son esenciales para la naturaleza, así que planta un árbol en tu casa o en la comunidad donde vives.

Fuente: ACNUR

El progreso de las nuevas tecnologías, y el desarrollo de estas, ha ido ampliando el abanico de posibilidades de colaboración ciudadana para llevar a cabo acciones solidarias. En los últimos años, hemos comprobado como el cuidado del medio ambiente se ha convertido en una enorme preocupación particularmente para las generaciones más jóvenes.

Según el ‘Informe Juventud España 2020’, elaborado por INJUVE a jóvenes adultos, con edades comprendidas entre 14 y 29 años, el 76% de los encuestados se muestra más preocupado y sensibilizado ante las políticas y actitudes medioambientales.

Como consecuencia de esta situación, han sido numerosas las aplicaciones y portales web que se han desarrollado para poder llevar a cabo acciones colectivas en busca de mejorar el planeta en el que vivimos. Aquí os dejamos cuatro aplicaciones en las que podréis encontrar ideas para cuidar el medio ambiente, y compartirlo con vuestr@s amig@s y conocid@s.

  • Forest

En sus inicios, esta aplicación buscaba ayudar a conseguir y mantener niveles saludables de concentración y desconexión virtual. Así, mientras la aplicación estaba en activo, iba creciendo un bosque virtual, con diferentes árboles y plantas. Si el usuario hacía uso de su dispositivo para acceder a otras apps, los árboles morían y el bosque desaparecía. En relación a la cantidad de tiempo en el que se consiguiese mantener la concentración, cada usuario podía ir acumulando monedas virtuales. Esta iniciativa, que a priori no tenía un impacto real en el medio ambiente, se ha ido convirtiendo en una acción que ha traspasado la pantalla y ha conseguido plantar más de 400.000 árboles reales, pero, ¿cómo?

Los usuarios de esta aplicación han colaborado con la organización Trees for the Future, que se dedica a plantar árboles en zonas que han sido pasto de la deforestación masiva. Así, de los 145 millones de árboles que ha plantado la organización, casi medio millón han surgido de esta app, en la que los usuarios han habilitado la opción de desvirtualizar su acción y conseguir reforestar grandes parcelas de territorio.

  • Wibeee

Mediante esta aplicación podemos conseguir un dispositivo electrónico que, al conectarlo a un enchufe y mediante el uso de conexión Wifi, va realizando reportes de información acerca del consumo eléctrico de cada hogar. Así, en nuestro Smartphone nos podrán llegar informes de nuestro consumo energético y alertas en el caso de que hayamos superado los límites de consumo que hayamos configurado previamente. Así nos aseguramos de consumir de manera más eficiente y sostenible, además de controlar la factura de la luz.

  • Metas sostenibles

Esta aplicación busca que los usuarios puedan acceder a un gran número de acciones enfocadas a la sostenibilidad siguiendo el principio de las 4R: “Reutilizar lo que puedas, reciclar lo que no, reducir lo que tienes, rechazar lo que no necesitas”.

Mediante un sistema de tareas, como no usar ascensores, hacer uso de medios de transporte público o consumir productos de segunda mano, el usuario puede ir marcando todos aquellos hitos que vaya consiguiendo. También se proponen una serie de tips y consejos para llevar un día a día más sostenible.

  • Arbolapp

En esta app, promovida por el Gobierno de España, el CSIC y el Real Jardín Botánico, aparecen imágenes didácticas e información útil sobre miles de especies herbáceas y arbóreas de la Península Ibérica y las Islas Baleares.

Los usuarios pueden aprender a reconocer especies autóctonas, instruirse sobre el cuidado de los árboles o la protección de los espacios naturales. Con un lenguaje que va a caballo entre la rigurosidad científica y las explicaciones sencillas, el usuario es capaz de aprender todos los detalles sobre las miles de especies que aparecen en la aplicación. Es muy útil para aprender sobre la naturaleza y las distintas formas en las que podemos protegerla.

Fuentes: Gobierno de España, CSIC, Infobae e INJUVE.

La práctica y promoción de actitudes responsables con el medio ambiente ha aumentado considerablemente en los últimos años, cada vez hay más personas que se dedican a preservar la naturaleza. Hoy vamos a hacer un repaso por las personas que más destacan por su trabajo en este ámbito.

¿A quién puedo seguir para conocer en profundidad el movimiento por el clima?

  • Greta Thunberg

Greta Thunberg es una de las caras más conocidas dentro del activismo medioambiental. La sueca de 17 años ha logrado que su mensaje llegue a la juventud de todo el planeta e impulsar el movimiento a través de iniciativas como Fridays for future, de la que es fundadora. Fridays for future es un movimiento dirigido y organizado por jóvenes que comenzó en agosto de 2018, después de que Greta Thunberg, de 15 años entonces, y otros jóvenes activistas se sentaran frente al parlamento sueco todos los días escolares durante tres semanas para protestar contra la falta de acción en la crisis climática. Desde ese momento y hasta ahora, la joven Thunberg ha participado en varias cumbres internacionales con el objetivo de pedir a los gobernantes la toma de medidas necesarias para frenar el calentamiento global. Además, gracias a sus esfuerzos en esta lucha, también ha estado nominada en dos ocasiones (2019 y 2020) al Premio Nobel de la Paz.

  • Wangari Maathai

Maathai fue una bióloga, política, activista ecologista y feminista, conocida como la “Mujer Árbol”. En 2004, fue la primera mujer africana en ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz tras fundar en 1977 Green Belt Movement, un movimiento creado para buscar respuestas a las necesidades de las mujeres en Kenia que no disponían de alimentos, ni combustible suficientes para vivir. Gracias al “movimiento del cinturón verde”, mujeres de la zona comenzaron a trabajar juntas para plantar más de 47 millones de árboles y almacenar agua de lluvia para cubrir las carencias.

  • Yero Sarr

Este joven estudiante ha seguido los pasos de Greta Thunberg en Senegal. Tras ser inspirado por la sueca, decidió crear un perfil en Twitter para fomentar el conocimiento y el debate en torno al cambio climático en uno de los continentes que más sufre a causa de la crisis. “Si los africanos estamos sufriendo más por el cambio climático y los europeos lideran la lucha por nosotros, eso es un problema”, Yero Sarr alienta a sus compatriotas a ser más activos en las acciones contra sus impactos.

  • Berta Cáceres

Ecologista, feminista y defensora de los derechos de los pueblos indígenas fue asesinada en 2015 por su activismo climático. A pesar de su muerte, la organización que fundó, COPINH, que es ahora dirigida por su hija, Berta Zuñiga se ha convertido en un referente de la defensa del medio ambiente y el respeto a la naturaleza y los pueblos indígenas de Honduras.